Conducta prosocial y antisocial
Resumen capítulo 14- Conducta prosocial y antisocial
Los seres humanos somos animales sociales, cooperamos y entramos en conflicto con las personas que nos rodean. La conducta prosocial es aquel comportamiento que tiene un impacto positivo en los demás, al contrario, la conducta antisocial es aquel comportamiento que genera un impacto negativo en los demás. La necesidad de afiliación se da porque los humanos tienen un deseo básico de asociarse, obtener y dar aprobación, apoyo, amistad y amor a los demás. Muchas veces el contacto con los demás alivia miedo o ansiedad. Sin embargo, preferimos estar con personas en circunstancias similares a nosotros en momentos de estrés porque genera más una hormona conocida como "droga de acurrucamiento".
La atracción interpersonal es aquella afinidad que se tiene con otra persona en base a relaciones sociales voluntarias. Se tiene que identificar a la persona, luego conocerla y después decidir si se da o no una amistad o relación. Esta decisión se basa en varios factores como: familiaridad (si conocemos a la persona, proximidad física o frecuencia de contacto), semejanzas (si la persona es similar o parecida a uno, comparte intereses, actitudes o creencias comunes. Las personas similares se atraen entre sí, homogamia), atractivo físico (se produce el efecto halo de generalizar impresión favorable, en este caso atractivo físico, con otras características no relacionadas), reciprocidad (si responden entre sí de manera similar) y la autorrevelación (conocerse entre sí, compartir pensamientos y sentimientos).
Pero la autorrevelación necesita y genera confianza para revelar contenidos personales de uno por eso mismo, la revelación exagerada (no apropiada para una relación o situación social en un ritmo no moderado) genera ciertas sospechas y reduce la atracción al generar algo de incomodidad. Cuando esto no sucede y en cambio hacemos una transferencia de atención, información y afecto entre dos personas (teoría de intercambio social), evaluamos las recompensas y los costos sociales mediante el nivel de comparación (estándar personal para evaluar recompensas y costos), así como lo beneficiosa o satisfactoria que sería la relación. Esta funciona cuando los beneficios superan a los costos.
El psicólogo Robert Sternberg estableció la teoría triangular del amor para de esta manera poder definir las diferentes formas de amor que surgen de las diferentes combinaciones entre tres componentes importantes que él definió: intimidad (sentimientos de conexión y afecto), pasión (sentimientos emocionales y sexuales profundos) y el compromiso (determinación de permanecer a largo plazo). Por ejemplo, el simple agrado genera amistad, el amor romántico es cuando hay intimidad, pasión y absorción mutua (se idealiza a la pareja aunque no sea, se ve como una persona perfecta), el amor de compañeros (no hay pasión) y el amor de consumado (existen los tres componentes: intimidad, pasión y compromiso).
Todos los seres humanos tenemos una forma de sentir y expresarnos distinta, por eso cada uno tiene un tipo de apego distinto. La psicología evolutiva ha estudiado los orígenes evolutivos y establece que los patrones de conducta humana han evolucionado, se ha descubierto que hay suficiente evidencia para establecer que el apego temprano con los cuidadores tiene un fuerte impacto en la manera en la que nos relacionaremos con los demás a largo plazo, esto establece las raíces de cómo serán las relaciones románticas posteriores.
El apego seguro (tienen confianza, fácil de acercarse a los demás, se siente cómodo con la dependencia de otros en uno, no se preocupa por ser abandonado. Son vistos como amables, bondadosos y agradables), el apego evitativo (retrocede cuando algo malo sucede, es considerado escéptico en el amor, tiene dificultades para confiar, se siente ansioso y nervioso cuando siente cierta conexión emocional. Es visto como suspicaz y distante) y apego ambivalente (se siente incomprendido y despreciado, presenta poca confianza, tiene una constante preocupación por si lo aman, generan dudas e inestabilidad).
La naturaleza humana tiene un lado prosocial que genera actos de amabilidad, "hacemos el bien haciendo el bien". Sin embargo, la vida urbana es medio deshumanizadora lo que crea apatía del espectador (falta de voluntad para ofrecer ayuda durante emergencias) en muchos. Por eso los psicólogos John Darley y Bibb Latané establecieron que la incapacidad de ayudar depende del número de personas presentes. Descubrieron que cuando hay más ayudantes potenciales es menos probable que no sintamos tanta responsabilidad por ayudar.
Ofrecer ayuda depende de cuatro puntos de decisión: notar lo que está sucediendo (cuando uno está solo ve más que con gente porque ahí se suele generar que uno tenga ojos solo para uno mismo), definir el acto como una emergencia (a veces existe la influencia de otros para definir una situación, se da una comparación social al buscar pistas para saber cómo interpretar lo que sucede), asumir responsabilidad (cuando uno está en grupos es más probable que se de una difusión de la responsabilidad al dispersarla entre todos y sentir ninguno es personalmente responsable) y seleccionar el curso de acción (sucede que en grupo nadie lo hace hasta que alguien actúa primero).
Pero no siempre sucede así porque también hay personas que generan excitación empática que es sentir el dolor, miedo o angustia que los necesitados están presentando, teniendo empatía por lo que ellos están viviendo. Estas personas toman perspectiva de los demás y sienten simpatía por su sufrimiento. Esto genera una relación empatía-ayuda que hace que uno se compadezca y que seamos más propensos a ofrecer nuestra ayuda.
La conducta antisocial. Así como la naturaleza humana tiene un lado prosocial, los seres humanos también son capaces de sentir odio, crueldad y agresión (una acción realizada con la intención de herir a alguien más). La agresión se expresa de muchas maneras por ejemplo, el acoso. El acoso (o ciberacoso, acoso por línea) es cualquier conducta que exponga a una persona ha vivir experiencias negativas o que lo lastimen, y se da de manera repetitiva y deliberada. Puede darse verbalmente (insultos, burlas o apodos) o física (golpear, pelear, empujar o confinar). Puede a su vez ser directa o indirecta (como la exclusión o expandir rumores).
La biología dice que los humanos son "naturalmente agresivos" porque presentan un "instinto agresivo o animal" (impulso innato que dirige o motiva a una conducta). Los psicólogos están de acuerdo en parte porque sí existen áreas cerebrales específicas que desencadenan o terminan conducta agresiva. Sin embargo, no es algo inevitable o puramente natural. Hay otros factores físicos que conllevan a la agresión como: nivel bajo en la azúcar, alergia, alcohol o uso de drogas, lesiones o enfermedades craneales o algunos estímulos (aquellos que producen incomodidad o desagrado pueden incrementar sentimiento de hostilidad o agresión). La hipótesis frustración-agresión establece que a veces la frustración también conduce a la agresión.
Algunos psicólogos establecen la teoría del aprendizaje social que dice que uno aprende a ser agresivo al observarlo en otros. Para prevenirlo se puede: aumentar la ayuda, cooperación, caridad y fraternidad ya que, así como se aprende la agresividad se puede aprender a no usarla o ser más amables promoviendo conducta prosociales, disminuir exposición a escenarios o momentos agresivos o evitar situaciones problemáticas y aprender a manejar la ira y mantener la calma y tranquilidad.
Los prejuicios. El prejuicio es aquella actitud negativa que se tiene hacia un grupo de personas a veces generada por estereotipos y disciminación (acciones injustas por estereotipos o prejuicios que impiden a personas hacer lo que deberían poder hacer). Cuando se da un prejuicio por raza es racismo, por género es sexismo, por edad es disciminación por edad y cuando se piensa que ser heterosexual es mejor que ser homosexual es heterosexismo. Hay distintas formas de prejuicios, está el prejuicio personal (cuando se piensa que los miembros de otro grupo son amenazantes para intereses propios), prejuicio grupal (cuando se conforma con normas de equipo por más que no se tenga razón propia) y prejuicio sistemático (cuando el prejuicio grupal se institucionaliza, como a políticas, gobiernos, escuelas o departamento de policías).
Se puede dar un prejuicio explícito y abierto, simbólico (expresiones más sutiles que disfrazan la disciminación hacia otro motivo) o prejuicio implícito (pensamientos o sentimientos inconscientes sobre otros grupos, prejuicios ocultos incluso sin reconocerlos explícitamente). Los prejuicios se pueden dar por un chivo expiatorio (culpar a alguien más por algo que no fue su culpa) que es un tipo de agresión desplazada, por experiencias directas con persona de algún grupo, o influencias sutiles (creencias de los padres por ejemplo). Así mismo los psicólogos Theodor W. Adorno y sus asociados establecieron que existe una personalidad autoritaria en donde los prejuicios son parte de la personalidad.
La personalidad autoritaria son aquellas personas que tienen prejuicios contra todos los grupos, presentan rigidez, inhibición, prejuicios o simplificación excesiva. Presentan autoritarismo de derecha (conformidad social), etnocentrismo (ven a su propio grupo como el centro y rechazan los otros), dogmatismo (pensamiento rígido e intolerante, es difícil que cambien de creencia u opinión) y orientación de dominio social (ver a su grupo como superior). La Escala F se estableció para ver que personas presentan este tipo de personalidad (mediante afirmaciones y ver si se está o no de acuerdo).
A veces la pertenencia a un grupo crea creencias compartidas de superioridad, injusticia, vulnerabilidad o desconfianza esto en cierto modo limita el contacto con los demás creando hostilidad hacia ciertos grupos externos. Los estereotipos sociales (imágenes demasiado simplificadas de grupos) pueden ser positivos o negativos pero usualmente degradan, controlan, limitan, etc; a los demás. También se puede autoestereotiparse que significa creerse o preocuparse por los estereotipos que se le aplican o juzgan. El psicólogo Claude Steele estableció que existe una amenaza de los estereotipos que al hacer que una persona se sienta amenazada o ansiosa por los estereotipos que los otros creen, hace que se reduzca el desempeño.
También se da la desigualdad de posición que son las diferencias de poder, prestigio y privilegio que puede causar destrucción, causa estrés y un impacto negativo en la salud física y emocional de la persona afectada. Para mejorar los conflictos intergrupales se puede tener contacto en igualdad de posición (interacción en igualdad de condiciones con personas de distintos grupos lo que produce comportamiento amistoso, respeto y agrado), mediante metas superiores (cooperación entre grupos, estas metas superan las metas competitivas menores y generan objetivos compartidos, sensación de permanencia a un solo grupo grande, restablece la paz y reduce conflictos) o las aulas rompecabezas creadas por el psicólogo Elliot Aronson al generar interdependencia mutua en las aulas escolares para cumplir metas donde entre todos los niños se enseñan y contribuyen para completar un proyecto.
En la actualidad cada vez estamos más expuestos a un mundo más diverso por lo mismo los seres humanos debemos aprender a tener tolerancia y aceptación a las personas diferentes a uno, promover la igualdad y la equidad.
Para mejorar la tolerancia se puede: tener apertura hacia otros (poder apreciar las diferencias a pesar de no estar de acuerdo y sin dejar o dar espalda a nuestros propios valores), buscar información que individualice (conocer a personas de otros grupos para verlos como individuo y no solo como parte de un grupo), no caer presa de creencias de un mundo justo (este pensamiento reduce la tolerancia al creer que las personas tienen siempre lo que se merecen), ser consciente de las profecías que autorrealizas (a veces nuestra expectativa incita a los demás a actuar como creímos que lo harían desde el principio), buscar puntos en común (compartir alegrías y sufrir en conjunto), pon ejemplo a los demás (ser modelo de tolerancia para otros) y saber que diferente no es inferior (estar abierto a los demás y saber que puede ser una experiencia de aprendizaje).
Entonces, a partir de toda esta información mi pregunta sería: ¿Qué actitudes podrían disminuir el prejuicio que los seres humanos tienen hacia otros? ¿Qué beneficios trae la diversidad y la conducta prosocial?

Para reducir el prejuicio que la gente tiene hacia los demás, se pueden hacer varias cosas. Primero, es importante tener contacto directo y positivo con personas de otros grupos. Cuando interactuamos con ellos en igualdad, podemos entendernos mejor y cambiar ideas equivocadas. También es útil aprender sobre la historia y las experiencias de otros grupos para ver que no hay razones para tener prejuicios. Además, tratar de entender los sentimientos de los demás puede ayudar a reducir los prejuicios. Finalmente, cuando las normas sociales promueven la igualdad y la inclusión, las personas suelen tener actitudes más justas.
ResponderEliminarLa diversidad y la conducta prosocial tienen muchos beneficios. La diversidad ayuda a ser más creativos y a encontrar nuevas ideas porque trae diferentes puntos de vista. Además, los grupos diversos suelen tomar decisiones más equilibradas y efectivas. Conocer otras culturas también nos ayuda a crecer y aprender más. Por último, comportarse de manera prosocial, como ayudar y cooperar con los demás, mejora las relaciones y hace que la sociedad sea más armoniosa.